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La breve historia de Matías Pérez
Matías Pérez, un comerciante portugués radicado en La Habana —exitoso en el negocio de los toldos y un apasionado de los globos aerostáticos— se eleva por primera vez en su nave La Villa de París el 12 de junio de 1856, desde el antiguo Campo Marte (hoy Parque de la Fraternidad). Y, entusiasmado por su conquista, se dispone a una segunda aventura.
Es 29 del mismo mes y año cuando el toldero vuelve a montarse en la cesta de su globo. El viento suave hincha la seda de su envoltura. Algunos de los presentes ríen, otros murmuran; todos saben que aquel hombre, flaco y tozudo, habla del cielo como si lo hubiese habitado. “Hoy tocaré el firmamento”, dice en derroche de valentía y destreza en el manejo de su nave.
El globo se eleva sobre La Habana. Matías vuelve a contemplar la ciudad como un mosaico de tejas y murmullos que se alejan: disfruta otra vez del poder de las aves. El cielo había sido durante mucho tiempo una dimensión inalcanzable y, el deseo de volar un susurro que viajó siglos y siglos en la mente humana.
A mayor altura, la brisa dejó de ser caricia para convertirse en guía (incontrolable). Desde Campo Marte La Villa de París es cada vez más pequeña, hasta que las nubes la abrazan: desaparece y nunca regresa. Así nace esta leyenda y la (todavía) recurrente frase: “Voló como Matías Pérez”, porque esta ciudad no olvida. (Versión: Flor de Paz. Imágenes y texto originalmente publicados en la revista Pionero).
Con las ilustraciones de esta historia, Isis de Lázaro engrosa su colección de Leyendas habaneras, una línea creativa que enriquece su quehacer en esta manifestación de las artes visuales.