




La luna que desciende sobre la Loma del Ángel (la leyenda).
Cuentan que, en la Loma del Ángel, en La Habana Vieja, una noche al año el cielo se alumbra con colores naranjas sobre el azul intenso del firmamento. La luna comienza a descender muy despacio, los perros callan, las ventanas se entornan y un silencio antiguo se posa sobre las piedras. Es una luz que no quema: acaricia.
Hay quienes dicen que, en el lugar, han visto a una mujer solitaria. Estos afirman que la dama viene envuelta en un manto azul oscuro y que su imagen parece trazar un puente entre la tierra y el cielo: Cuando la luna baja, ella levanta el rostro y el fulgor le toca la frente y, por un instante, la noche parece más luminosa.
La luna, vestida con un resplandor más cálido que el acostumbrado, desciende hasta quedar casi a la altura de un balcón. La mujer extiende las manos, y desde el astro le llega una estela de luz fina. En ese intercambio silente, la ciudad parece renovarse, como si recibiera un secreto para recibir la llegada de otro año.
Cuando el primer gallo canta, la luna asciende de nuevo. La mujer se desvanece con la misma suavidad con que apareció. Quedan en la Loma del Ángel unas piedras más brillantes, unas sombras más breves, un rumor que se expande por los portales. Y al amanecer siguiente, alguien baja la calle empedrada diciendo que este año también la vio. (Publicada en la revista Pionero)